Cada julio, Argentina conmemora la Semana Nacional de la Lucha contra la Sordera. Es una oportunidad para reflexionar sobre una condición que afecta a muchas más personas de lo que imaginamos, y cuya detección temprana puede marcar una diferencia enorme, sobre todo en los más chicos.
¿Qué es la hipoacusia?
La hipoacusia es la pérdida parcial o total de la capacidad auditiva. Según su intensidad, puede ser leve, moderada, severa o profunda. Cuando la pérdida es tan significativa que no se percibe ningún sonido, se habla de sordera. Las causas son variadas: factores genéticos, complicaciones durante el parto, prematurez, infecciones crónicas del oído o la exposición prolongada a ruidos muy fuertes.
Un dato que no siempre se conoce: en Argentina la hipoacusia corresponde al 18% de las discapacidades, distribuida en un 86,6% de personas con dificultad auditiva y un 13,4% con sordera.
El impacto en la infancia
La hipoacusia en niños y niñas es una de las principales preocupaciones de los especialistas, porque si no se detecta a tiempo puede afectar el desarrollo del lenguaje, el aprendizaje y la integración social. En Argentina, la hipoacusia afecta entre 700 y 2.100 chicos al año e influye no solo en su capacidad de comunicarse sino también en el
aprendizaje y los procesos educativos. Según el CONICET, si la pérdida auditiva se detecta rápidamente y los niños reciben estimulación y tratamiento a tiempo, pueden tener una escolaridad completamente normal.
Aproximadamente tres de cada mil recién nacidos en Argentina presentan algún grado de hipoacusia. Es por eso que existe legislación específica al respecto: en 2001 se sancionó la Ley 25.415 para el screening auditivo, garantizando el derecho de todo recién nacido a estudiar su capacidad auditiva y recibir tratamiento oportuno. El objetivo es detectar la hipoacusia antes del alta hospitalaria, para que la intervención sea lo más temprana posible.
En bebés y niños pequeños, algunas señales que pueden orientar a las familias son: no reaccionar ante sonidos fuertes, no voltear hacia la fuente de un ruido, no balbucear en los primeros meses o presentar retrasos en el desarrollo del habla. En personas más grandes, la dificultad para entender conversaciones, los zumbidos en los oídos o la necesidad de subir constantemente el volumen también son señales que merecen atención médica.
¿Cómo se trata?
El tratamiento depende del tipo y grado de hipoacusia. En muchos casos se indican audífonos. Para hipoacusias profundas bilaterales que no responden al audífono, existe el implante coclear, un dispositivo que transforma las señales sonoras en impulsos eléctricos que estimulan el nervio auditivo. En Argentina, los niños pueden acceder a esta cirugía a partir del año de vida. En todos los casos, la rehabilitación fonoaudiológica es parte fundamental del tratamiento.
La prevención y la consulta temprana son las herramientas más poderosas. Si tenés dudas sobre la audición de tu hijo o la tuya propia, no lo dejés para después: consultá con un otorrinolaringólogo o fonoaudiólogo. La detección a tiempo puede cambiarlo todo.