Los peligros de hablar con el Dr. Chatbot

Cada vez más personas le preguntan a un chatbot por un dolor, intentan descifrar un síntoma o buscan desahogarse cuando no se sienten bien. Es comprensible: las respuestas llegan en segundos, no cuestan nada y están disponibles a cualquier hora. Sin embargo, usar la inteligencia artificial como si fuera un médico o un psicólogo implica riesgos
importantes. En esta nota te contamos cuáles son.

Una herramienta no es un profesional de la salud

Un joven recibe los resultados de sus análisis y ve que algunos valores quedan fuera del rango de referencia. Antes de ir a ver a su médico, le pide a un chatbot que se los interprete. Una mujer nota una mancha extraña en el brazo. Antes de sacar turno con un dermatólogo, sube una foto a una plataforma de IA para preguntarle de qué se trata. Un
hombre se siente agotado, estresado y solo, con malestar físico y emocional. En lugar de pedir ayuda a un profesional de la salud mental, le cuenta sus problemas a un chatbot.

Estas tres situaciones son reales y, justamente por eso, preocupan: muestran hasta qué punto se está instalando la idea de que la inteligencia artificial puede reemplazar a los médicos.

Los chatbots no son profesionales del cuidado de la salud. Son herramientas digitales basadas en modelos de lenguaje, que producen textos a partir de información tomada de internet o aportada por los propios usuarios. En eso se diferencian por completo de un médico, que ve al paciente, evalúa sus síntomas y llega a un diagnóstico a partir de estudios y signos observables.

Por eso, recurrir a la IA para diagnosticar un malestar puede ser muy peligroso. Un chatbot puede pasar por alto señales clínicas que solo se detectan en una consulta presencial: palpar una zona, observar al paciente, analizar los resultados de los estudios. Además, la IA puede dar respuestas incorrectas o directamente inventadas, y quienes no son expertos en salud tienden a tomarlas como confiables. Ese error puede hacer que se demore la consulta
con un especialista y que el cuadro se agrave.

La escucha no puede automatizarse

Médicos y psicólogos no se limitan a procesar síntomas: escuchan la historia de vida de cada persona, registran los matices emocionales, evalúan los riesgos sociales y ofrecen contención. Un chatbot, en cambio, no puede captar esas microseñales ni inferir o completar datos a partir del contexto. En salud mental esto es especialmente grave, porque
la ausencia de empatía humana puede llevar a que no se detecten señales de riesgo vinculadas con la violencia o el suicidio.

A esto se suman otras cuestiones éticas. La IA no puede responsabilizarse por lo que dice ni tomar decisiones clínicas. Y los datos que compartimos con un chatbot pueden quedar registrados y ser compartidos o utilizados sin que lo sepamos: a diferencia de los profesionales de la salud, estas plataformas no garantizan la protección de la información sensible ni de la privacidad.

 

Como ya comentamos en otras notas, la inteligencia artificial puede ser una gran aliada para la salud. Pero bajo ningún punto de vista reemplaza el vínculo entre médicos y pacientes. Ante un dolor severo, físico o emocional, o ante síntomas que te preocupan, lo indispensable es consultar con un profesional de la salud.

 

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