Intolerancias alimentarias

Cada vez es más frecuente escuchar hablar de intolerancias alimentarias. Pero ¿qué significa exactamente no tolerar un alimento? ¿Es lo mismo que una alergia? ¿Y por qué parece haber cada vez más casos? En esta nota te contamos qué son las intolerancias alimentarias más frecuentes, cuáles son sus síntomas y por qué es importante llegar a un
diagnóstico antes de modificar la dieta.

¿Qué es una intolerancia alimentaria?

Una intolerancia alimentaria ocurre cuando el sistema digestivo no puede procesar correctamente cierto alimento, generalmente por falta de una enzima específica. A diferencia de las alergias, en las intolerancias no interviene el sistema inmunológico y, en general, no representan un riesgo de vida inmediato, aunque sí pueden afectar la salud de forma crónica. Los síntomas más comunes son digestivos: hinchazón, dolor abdominal, gases, diarrea o náuseas. En algunos casos aparecen varias horas después de haber ingerido el alimento, lo que complica identificar la causa.
Es importante destacar que intolerancia y alergia alimentaria no son lo mismo. Si sospechás que tenés alguna, lo primero es consultar a un médico antes de eliminar alimentos de tu dieta.

Intolerancia a la lactosa

La lactosa es el azúcar presente en la leche y sus derivados. Para digerirla, el intestino delgado necesita una enzima llamada lactasa, que la descompone en azúcares simples. Cuando hay déficit de lactasa, la lactosa llega sin digerir al colon, donde las bacterias la fermentan y generan gases, ácidos y agua.

Los síntomas más frecuentes son:
● Distensión o hinchazón abdominal
● Dolor o cólicos
● Gases
● Diarrea
● Náuseas

La intensidad de los síntomas varía según el grado de déficit de lactasa, la cantidad de lactosa consumida y el tipo de lácteo (los fermentados, como el yogur, suelen tolerarse mejor).
El diagnóstico combina historia clínica, dieta de exclusión temporal y, en algunos casos, un test de hidrógeno en el aliento. El tratamiento incluye reducir el consumo de lácteos, optar por productos fermentados o deslactosados, y en algunos casos incorporar la enzima lactasa antes de las comidas.

Un estudio reciente en Argentina encontró que cerca del 73% de los encuestados reportó síntomas digestivos al consumir lácteos, pero solo el 23,8% tenía diagnóstico formal. Esto muestra la importancia de no modificar la dieta sin evaluación médica previa.

Intolerancia al gluten: la enfermedad celíaca

La enfermedad celíaca es una intolerancia permanente al gluten, el conjunto de proteínas presente en el trigo, la avena, la cebada y el centeno (conocidos como TACC). Afecta a personas con predisposición genética y puede aparecer en cualquier etapa de la vida.

A diferencia de otras intolerancias, la celiaquía tiene un componente autoinmune: cuando la persona celíaca consume gluten, su sistema inmune reacciona y daña la mucosa del intestino delgado, alterando la absorción de nutrientes.

Los síntomas son variados y no siempre son evidentes. Pueden incluir:
● Diarrea crónica
● Pérdida de peso
● Fatiga
● Anemia
● En niños puede causar retraso en el crecimiento

Muchas personas presentan síntomas muy leves o inespecíficos, lo que puede demorar el diagnóstico años.
En nuestro país, se estima que 1 de cada 167 personas adultas es celíaca, y en la niñez la prevalencia es aún mayor (1 de cada 79). El único tratamiento es mantener una alimentación libre de gluten de por vida.

Intolerancia a la fructosa

La fructosa es el azúcar natural de las frutas, verduras, miel y muchos productos procesados. Para absorberse correctamente, necesita un transportador intestinal específico llamado GLUT5. Cuando este transportador funciona de forma deficiente, la fructosa llega sin absorber al colon, donde es fermentada por las bacterias y genera síntomas similares a los de otras intolerancias digestivas. Así puede generar:
● Dolor abdominal
● Gases y distensión
● Diarrea líquida o episodios alternados con estreñimiento
● Cansancio y cambios de humor (la fructosa no absorbida puede interferir con la
producción de serotonina)

El diagnóstico se realiza mediante el test de hidrógeno espirado, combinado con la historia clínica del paciente. El tratamiento consiste en reducir el consumo de alimentos ricos en fructosa —especialmente frutas, miel y productos con jarabe de fructosa— bajo supervisión de un especialista o nutricionista.

Intolerancia a la histamina

La histamina es una sustancia que el organismo produce de forma natural y que también está presente en muchos alimentos, especialmente los fermentados, madurados o en conserva: quesos añejos, vino, embutidos, pescados enlatados, entre otros. La intolerancia a la histamina ocurre cuando hay un desequilibrio entre la cantidad de
histamina que ingresa al cuerpo y la capacidad de degradarla correctamente, una función que cumple la enzima DAO (diamino oxidasa)

A diferencia de las otras intolerancias, los síntomas pueden afectar varios sistemas del cuerpo al mismo tiempo:
● Digestivos: dolor abdominal, diarrea, náuseas
● Neurológicos: cefaleas, migrañas
● Dermatológicos: urticaria, enrojecimiento de la piel
● Respiratorios: congestión, estornudos

El diagnóstico requiere que el paciente presente síntomas en dos o más sistemas, y que se descarten previamente otras condiciones como celiaquía, alergias alimentarias, intolerancia a la lactosa o fructosa, y SIBO (sobrecrecimiento bacteriano en intestino delgado). En estos casos se hacen estudios específicos para detectar la intolerancia a la histamina. El tratamiento se basa en una dieta baja en histamina bajo supervisión médica y nutricional. En algunos casos se complementa con suplementación de la enzima DAO y, ante síntomas agudos, con antihistamínicos.

SIBO, el trastorno intestinal de las redes

¿Por qué parece haber cada vez más intolerancias?

Es verdad que hoy sabemos de más casos de intolerancias alimentarias, pero esto no significa necesariamente que haya más personas afectadas que antes. En realidad, esta observación puede relacionarse con que los casos hoy tienen mayor visibilidad. Además, ahora que hay mayor acceso a la información, es más frecuente que las personas consulten por sus síntomas digestivos.

Sin embargo, también es frecuente que muchas personas modifiquen su dieta —eliminando, por ejemplo, gluten, lactosa o fructosa— sin un diagnóstico confirmado, lo que puede generar restricciones innecesarias o enmascarar otras causas. Modificar la alimentación sin orientación médica puede llevar a deficiencias nutricionales o a confundir la intolerancia con otras condiciones, como el síndrome de intestino irritable, la enfermedad inflamatoria intestinal u otras patologías digestivas.

 

Ante la sospecha de cualquier intolerancia alimentaria, el primer paso siempre es consultar a un médico. Las herramientas diagnósticas varían según el tipo de intolerancia, pero en todos los casos el diagnóstico profesional es indispensable para un tratamiento adecuado.

 

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