Caída del cabello

¿Notás que el cepillo acumula más pelo de lo habitual? ¿O que la ducha deja más cabello del esperado en el desagüe? La caída del cabello es un problema que afecta a muchísimas personas y que, lejos de ser solo una cuestión estética, puede ser señal de algo que vale la pena atender. En esta nota te contamos de qué se trata, por qué ocurre y qué se puede hacer al respecto.

¿Qué es la alopecia?

La alopecia es el nombre médico para la pérdida parcial o total del cabello. Puede tener causas muy diversas: desde factores genéticos y hormonales hasta problemas autoinmunes, deficiencias nutricionales y el uso de ciertos medicamentos. En algunos casos, lo que se ve afectado es el ciclo de crecimiento del folículo piloso (la estructura de
donde nace cada pelo); en otros, el daño al folículo es irreversible. Aunque suele asociarse más a los hombres, la caída del cabello también es muy frecuente en mujeres, con patrones y causas que varían según el tipo de alopecia.

¿Por qué se cae el cabello?

Existen distintos tipos de caída del cabello, y conocer las diferencias ayuda a entender qué está pasando y qué camino tomar.
La alopecia androgenética —la conocida calvicie común — es la más frecuente en hombres, aunque también aparece en mujeres. Tiene base hereditaria y está relacionada con una hormona llamada dihidrotestosterona (DHT), que con el tiempo produce una miniaturización del folículo. Su tratamiento es crónico y los resultados dependen mucho del
momento en que se consulte.
La alopecia areata es una enfermedad autoinmune que provoca pérdida del cabello en zonas delimitadas, como parches;. Tiene predisposición genética y puede desencadenarse por factores ambientales o situaciones de estrés. En muchos casos hay recuperación espontánea, pero en otros requiere seguimiento médico prolongado.

La alopecia por tracción es quizás la menos conocida pero más prevenible: ocurre cuando los peinados ejercen demasiada tensión sobre el cabello durante mucho tiempo (colas muy tirantes, trenzas apretadas, extensiones mal colocadas). Al principio es reversible, pero si se sostiene en el tiempo puede dejar cicatrices permanentes.

El efluvio telógeno es una caída difusa que aparece como reacción del organismo ante situaciones de estrés intenso: enfermedades, cirugías, embarazo, pérdidas bruscas de peso o el uso de ciertos medicamentos. Un detalle importante: esta caída suele ocurrir dos o tres meses después del evento estresante, por lo que a veces cuesta relacionar ambas cosas.

Por último, la caída del cabello también puede estar ligada a déficits nutricionales (hierro, vitamina D, zinc), a problemas de tiroides o al uso de fármacos como los empleados en quimioterapia.

Trastornos en la tiroides

 

¿Qué se puede hacer?

Lo primero y más importante es consultar con un dermatólogo ante cualquier señal de alarma. El diagnóstico temprano marca una diferencia real: detectar a tiempo la alopecia androgenética o una enfermedad inflamatoria del cuero cabelludo mejora notablemente los resultados del tratamiento.

En el día a día, hay hábitos que protegen la salud del cabello: evitá la tensión continua en los peinados, los tirones y los procesos químicos o térmicos muy agresivos como decoloraciones y alisados. Una dieta equilibrada, el ejercicio regular, el descanso adecuado y el manejo del estrés también juegan un papel importante, no solo para el cabello sino para la salud en general.

En cuanto a los tratamientos, es importante aclarar que no existe ninguna fórmula mágica que garantice recuperar el cabello. Sin embargo, hay opciones con evidencia científica. Las lociones y espumas con minoxidil tópico están aprobadas tanto para hombres como para mujeres con alopecia androgenética, y pueden aumentar la densidad capilar con uso continuo. El finasteride por vía oral es otra opción con respaldo a largo plazo para hombres, aunque no se recomienda en mujeres en edad fértil. Para casos más específicos, existen terapias como las inyecciones de plasma rico en plaquetas, los corticosteroides o el trasplante capilar, que siempre requieren evaluación y seguimiento médico estricto.

Como siempre, lo más conveniente es alejarse de los productos que prometen milagros sin respaldo científico y confiar en la evaluación de profesionales especializados.