El dolor en las articulaciones es una de las consultas más frecuentes en la vida adulta, y muchas veces se lo asocia automáticamente con la «artrosis» o con la «artritis» sin distinguir bien de qué se trata cada una. Aunque suenan parecidas y las dos duelen, son enfermedades muy diferentes en su origen, su evolución y su tratamiento. Conocer esas diferencias ayuda a consultar a tiempo y a entender mejor las indicaciones médicas.
¿En qué consiste cada enfermedad?
La artrosis, también llamada osteoartritis, es una enfermedad degenerativa: con el paso del tiempo, el cartílago que protege las articulaciones se va desgastando. Como consecuencia, pueden aparecer pequeñas prominencias óseas —los llamados osteofitos— que generan dolor y rigidez. Es un proceso lento, que avanza a lo largo de los años, y suele resumirse con una frase simple: la artrosis es desgaste.
La artritis, en cambio, es un proceso inflamatorio de la articulación. Puede originarse por distintas causas —autoinmunes, infecciosas, por depósito de microcristales, entre otras—, aunque la forma más frecuente es de origen autoinmune y se conoce como artritis reumatoidea. A diferencia de la artrosis, se trata de una enfermedad sistémica: si no se trata, no solo daña las articulaciones sino que también puede comprometer otros órganos. Por eso se dice que la artritis es inflamación.
La clave para diferenciarlas: cómo se comporta el dolor
Una de las formas más simples de distinguir una de otra es prestar atención a cuándo aparece el dolor:
- En la artrosis, el dolor típicamente empeora con el movimiento y mejora con el reposo, sobre todo en las etapas iniciales.
- En la artritis, el dolor y la hinchazón suelen estar presentes incluso en reposo, y son más notorios al levantarse por la mañana.
¿Qué articulaciones se ven más afectadas?
En la artrosis, las zonas más comprometidas suelen ser las manos y los dedos, las rodillas, las caderas y la columna. Es habitual sentir dolor, rigidez breve al empezar a moverse, crujidos y una menor amplitud de movimiento. En la rodilla, por ejemplo, es característico el dolor al comenzar a caminar, que puede ir limitando la actividad con el tiempo.
En la artritis reumatoidea, el cuadro suele iniciarse en articulaciones pequeñas de manos y pies, con hinchazón, dolor y una rigidez matutina que puede prolongarse bastante tiempo. También puede acompañarse de fatiga y, si no se controla a tiempo, derivar en deformidades articulares.
¿Cómo se detectan y cómo se tratan?
El diagnóstico de ambas enfermedades es fundamentalmente clínico, es decir, se basa en la evaluación de los síntomas por parte del profesional de salud. A eso se suman estudios complementarios como radiografías, resonancias magnéticas, análisis de laboratorio y ecografías, que suelen solicitarse cuando aparecen los síntomas característicos y existe relación con determinados factores de riesgo.
Factores de riesgo
- Artrosis: edad avanzada, sexo femenino, predisposición familiar, sobrepeso, lesiones articulares previas y sobreuso de la articulación.
- Artritis reumatoidea: al ser de base autoinmune, se investigan principalmente factores genéticos y ambientales. En este caso, el diagnóstico temprano es clave para evitar daños irreversibles.
El abordaje de cada enfermedad es distinto, acorde a su causa:
Artrosis: el tratamiento combina educación sobre la enfermedad, control del peso corporal, kinesiología, y el uso de analgésicos y antiinflamatorios cuando son necesarios. En casos más avanzados o específicos pueden indicarse infiltraciones, y cuando el daño articular es severo, una cirugía de reemplazo con prótesis (por ejemplo, de cadera o rodilla). Si bien no existe una cura definitiva, un tratamiento adecuado alivia los síntomas y retrasa la progresión de la enfermedad.
Artritis reumatoidea: requiere controlar la inflamación con medicación específica, que puede combinarse con kinesiología según cada caso. El tratamiento temprano es esencial para prevenir la discapacidad a largo plazo.
Avances que generan esperanza
En Argentina existen líneas de investigación orientadas a mejorar el diagnóstico y el tratamiento de estas enfermedades, incluyendo proyectos que exploran la regeneración de cartílago y nuevas tecnologías para la prevención, el diagnóstico y la rehabilitación de la artrosis y la artritis. Se trata de esfuerzos que buscan reducir el dolor y mejorar la calidad de vida de una condición que afecta a millones de personas.