SOS Invierno: cuidados de la piel

Con la llegada del frío, los abrigos se instalan en el cotidiano, el mate se vuelve más frecuente y, casi sin que nos demos cuenta, la piel empieza a dar señales de malestar: tirantez, descamación, labios agrietados y esa molesta sensación de ardor que en Argentina conocemos como «paspadura». En esta nota te contamos cómo cuidar tu piel ante el frío.

¿Qué le pasa a la piel cuando hace frío?

Lejos de ser un problema cosmético menor, el cuidado de la piel en invierno es una cuestión de salud real. De hecho, durante el invierno muchas consultas dermatológicas están directa o indirectamente vinculadas con los efectos del frío y de los ambientes calefaccionados.

Para entender por qué la piel sufre en invierno, es útil saber cómo funciona. La piel tiene una capa protectora —llamada manto hidrolipídico— compuesta de sebo, lípidos y agua que actúa como escudo frente al ambiente. El frío reduce la actividad de las glándulas sebáceas, y en consecuencia la producción de sebo y lípidos que componen ese manto. Esto deteriora la función barrera, lo que facilita la pérdida de agua y genera una piel más seca y tirante.

Trabajar con frío

 

A esto se suman otros factores que muchas veces pasamos por alto. La calefacción en interiores reduce la humedad ambiental y debilita las defensas de la piel, lo que aumenta el riesgo de infecciones en áreas agrietadas. El viento, por su parte, desgasta la piel especialmente en el rostro, los labios y las manos, esto favorece microfisuras que elevan la inflamación y permiten la entrada de agentes irritantes.

¿Qué es la paspadura y cómo aparece?

La paspadura es la versión popular de lo que en dermatología se llama queilitis (cuando afecta los labios) o xerosis cutánea (cuando se da en otra parte del cuerpo). Ocurre cuando la piel pierde tanta humedad que se agrieta y se irrita, generando dolor, sangrado leve y una sensación de ardor característica. Es muy frecuente en labios, manos, nudillos y zonas expuestas al aire frío. Cuando la hidratación desaparece o es insuficiente, la piel pierde su elasticidad y se torna áspera, tirante y frágil. Pero, como dijimos antes, el verdadero problema está en la pérdida de su función barrera.

Además de la xerosis y la queilitis, el frío puede agravar condiciones preexistentes. Las patologías más frecuentes en invierno incluyen la dermatitis atópica (o eczema invernal), la rosácea y la psoriasis, que empeoran con el clima frío intenso. También pueden aparecer afecciones típicas de las bajas temperaturas como la perniosis (sabañones), la paniculitis fría, el fenómeno de Raynaud y la urticaria por frío. 

Descuidar la piel en invierno no es solo una cuestión estética. Las fisuras y grietas que genera la paspadura pueden convertirse en puertas de entrada para bacterias y hongos, que derivan en infecciones que requieren tratamiento médico. En los adultos mayores, la sequedad de la piel es la principal causa de prurito (picazón intensa), y ante fisuras, sangrado o signos de sobreinfección, es importante consultar con un especialista. Lo mismo aplica para personas con condiciones como diabetes o psoriasis, cuya piel ya es más frágil. 

¿Cómo cuidar la piel en invierno?

La buena noticia es que con algunos hábitos sencillos es posible proteger la piel durante los meses fríos. La hidratación es el pilar central: conviene aumentar la hidratación de la piel usando lociones o cremas que contengan glicerina o ácido hialurónico, aplicándolas después de la ducha y antes de salir al frío. Idealmente, hay que hacerlo con la piel todavía ligeramente húmeda para aprovechar mejor la absorción. 

También importa mucho cómo te bañás. El agua muy caliente remueve los lípidos naturales de la piel, lo que contribuye a la sequedad, por lo que conviene reducir la temperatura del agua al ducharse o lavarse la cara. Elegí jabones y geles suaves, sin sulfatos ni alcohol, y evitá los astringentes.

Para los labios, que son altamente sensibles al frío, se recomienda aplicar bálsamos labiales hidratantes con protector solar. Y aunque parezca sorprendente, el protector solar no es solo para el verano: la Sociedad Argentina de Dermatología recomienda usar SPF 30 o superior todos los días del año, incluso cuando no hay sol visible. 

Por dentro también se cuida la piel. La alimentación debe ser rica en vitaminas A, C y E, así como en ácidos grasos omega-3, ya que estos nutrientes contribuyen a la salud de la piel desde el interior. Además, es fundamental beber al menos ocho vasos de agua diarios sin esperar a tener sed; en invierno, como sentimos menos calor, tendemos a tomar menos líquido sin darnos cuenta. 

 

Si notás que la piel no responde a los cuidados habituales, que el picor es persistente o que aparecen manchas rojas que no mejoran, lo más recomendable es consultar a un dermatólogo. El invierno pide abrigo por dentro y por fuera. Cuidar la piel no requiere rutinas complicadas ni productos caros: alcanza con prestarle un poco más de atención a los hábitos cotidianos.

 

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