Vacunación antigripal

Con la llegada del frío, empiezan los primeros resfríos y las temidas gripes. En esta nota te contamos por qué, a pesar de las dudas que algunos tienen, es recomendable vacunarse contra la gripe.

¿Qué es la gripe?

La gripe, también llamada influenza, es una enfermedad respiratoria viral. Se contagia muy fácilmente a través de gotitas que expulsamos cuando tosemos, estornudamos o simplemente hablamos. No es un resfrío fuerte ni un simple malestar: es una infección causada por el virus influenza y tiene sus propios síntomas. Los más frecuentes son fiebre mayor a 38°C, tos, congestión nasal, dolor de garganta, dolor muscular, dolor de cabeza y dificultad para respirar.

En la mayoría de los casos, una persona sana se recupera en una o dos semanas. Sin embargo, la gripe puede volverse muy seria: en algunos casos puede ocasionar complicaciones graves, internación e incluso la muerte en personas embarazadas, menores de 5 años, mayores de 65 años y personas con enfermedades crónicas como diabetes, enfermedades cardíacas o respiratorias, obesidad o inmunosupresión.


A nivel global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la gripe provoca hasta 650.000 muertes por año solo por causas respiratorias y es posible que la cifra real sea incluso mayor si se cuentan las complicaciones cardiovasculares asociadas.

Vacunación antigripal

La vacuna antigripal se aplica anualmente para proteger contra los tipos de virus influenza que se espera que circulen durante la temporada fría. En Argentina, la campaña de vacunación habitualmente comienza antes del invierno —idealmente entre marzo y abril—, aunque las dosis se siguen administrando a lo largo de toda la temporada.


En nuestro país, la vacuna antigripal integra el Calendario Nacional de Vacunación y está indicada para los grupos prioritarios:

● Personas de 65 años o más
● Niños de 6 a 24 meses
● Embarazadas
● Personal de salud
● Personas de 2 a 64 años con factores de riesgo
● Personal estratégico

La vacuna antigripal más utilizada en Argentina contiene virus inactivados, es decir, virus que han sido «desactivados» y no pueden causar la enfermedad. Al recibirla, nuestro sistema inmune aprende a reconocer esos agentes y genera defensas: los anticuerpos. De ese modo, si en algún momento el virus real entra al organismo, el cuerpo ya sabe cómo combatirlo de forma rápida y eficaz.

Es necesario vacunarse todos los años porque el virus de la influenza muta constantemente. Cada temporada, la OMS analiza cuáles son las cepas circulantes más probables en cada hemisferio y recomienda la composición de la vacuna en función de esas cepas.

¿Por qué algunas personas no quieren vacunarse?

Algunas personas no quieren vacunarse contra la gripe porque la asocian a un resfrío intenso y no ven su seriedad. Otras personas consideran que no vale la pena porque igualmente pueden contagiarse de gripe estando vacunados. Esto puede ocurrir porque no todas las cepas están incluidas en la vacuna, pero incluso en estos casos la vacuna reduce la gravedad de la enfermedad y el riesgo de complicaciones.


El mayor porcentaje de quienes rechazan la vacuna antigripal lo hacen sosteniendo que la vacuna les hace mal, pero es necesario aclarar que tiene un perfil de seguridad muy sólido y los efectos adversos serios son extremadamente raros. La vacuna no puede causar gripe porque son de virus inactivados.

Los beneficios de vacunarse: lo que dice la evidencia

La investigación sobre la vacuna antigripal es extensa y consistente. Estos son algunos de los beneficios más relevantes, especialmente para los grupos más vulnerables:

● Reducción de hospitalizaciones y muertes: La vacunación antigripal anual es la estrategia preventiva más eficaz para reducir el impacto de la gripe sobre la salud. Estudios recientes confirman que la inmunización reduce de forma notable el riesgo de hospitalización, complicaciones graves y mortalidad, especialmente en personas mayores, pacientes crónicos, inmunodeprimidos y embarazadas.

● Beneficios en embarazadas y recién nacidos: Durante el embarazo, el sistema inmune de la madre sufre cambios que la hacen más vulnerable a infecciones graves. Vacunarse en esta etapa protege a la madre y, además, permite que los anticuerpos se transfieran al bebé a través de la placenta.

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