¿Cómo volvió la tuberculosis?

La tuberculosis es una enfermedad infecciosa grave cuya incidencia ha aumentado dramáticamente en los últimos años. En esta nota te contamos de qué se trata la enfermedad, cómo prevenirla y por qué, tras muchos años de control sanitario, volvió a ser una amenaza para la salud pública.

Tuberculosis: una enfermedad grave

La tuberculosis (TB) es una enfermedad infecciosa causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis, conocida históricamente como bacilo de Koch. Esta bacteria puede afectar diversos órganos, aunque la forma más común es la tuberculosis pulmonar, que compromete a los pulmones y produce una enfermedad contagiosa. También existen formas extrapulmonares, que pueden afectar ganglios linfáticos, huesos o el sistema nervioso central, con mayor gravedad y complicaciones.

La TB se transmite de persona a persona por el aire, cuando una persona con tuberculosis activa tose, estornuda o habla libera microgotas que contienen la bacteria. La infección ocurre especialmente en espacios cerrados y con poca ventilación, y el riesgo aumenta cuanto más prolongado es el contacto con una persona infectada. Además de la exposición, factores sociales y de salud como desnutrición, infección por VIH, diabetes, consumo de sustancias tóxicas y condiciones de hacinamiento favorecen la progresión de la infección a enfermedad activa.

Síntomas y tratamiento

Los síntomas principales de la tuberculosis suelen ser la tos persistente por más de 15 días, fiebre, sudoración nocturna, pérdida de peso, falta de apetito y cansancio. Dado que algunos de estos síntomas pueden ser leves al principio, muchas personas se demoran en consultar y pueden contagiar a otras sin sospechar que están enfermas.

El tratamiento de la tuberculosis es eficaz y se basa en la administración de una combinación de antibióticos durante al menos seis meses, bajo supervisión médica. Completar el tratamiento es vital: si se abandona antes de tiempo, las bacterias pueden volverse resistentes a los fármacos, lo que da lugar a formas más difíciles de curar.

La vacuna BCG (Bacillus Calmette-Guérin) es parte fundamental del control de la tuberculosis. En Argentina, se administra de forma obligatoria a los recién nacidos como parte del Calendario Nacional de Vacunación, con el objetivo principal de prevenir las formas más graves de tuberculosis en la infancia, especialmente las tuberculosis meníngea o diseminada, que pueden causar secuelas graves o la muerte.Sin embargo, la vacuna BCG no confiere inmunidad absoluta ni evita totalmente la presentación de tuberculosis pulmonar en todas las edades. Su protección frente a la infección pulmonar en adultos es variable y tiende a disminuir con el tiempo. Por eso, aunque una persona haya recibido la BCG al nacer, puede desarrollar tuberculosis pulmonar si entra en contacto prolongado con alguien con enfermedad activa y su sistema inmunitario no logra contener la infección.

Las consecuencias de no diagnosticar y tratar la tuberculosis a tiempo son graves: la enfermedad puede progresar, causar daño pulmonar irreversible, complicaciones extrapulmonares y, en ausencia de tratamiento, puede ser mortal. Además, la transmisión continua mantiene la cadena epidemiológica y afectando a toda la comunidad. 

Control y aumento de la tuberculosis

En Argentina, a pesar de ser una enfermedad prevenible y tratable, la Tuberculosis es actualmente un desafío de salud pública. De hecho, en las últimas décadas se observó una reemergencia de la tuberculosis en Argentina (y en muchos otros países), impulsada por factores sociales y epidemiológicos complejos. La desigualdad social, el aumento de la pobreza, la urbanización acelerada con barrios densamente poblados, el VIH/SIDA y otras condiciones que debilitan el sistema inmunológico y contribuyen a que los casos de tuberculosis no siguieran decreciendo de forma sostenida.

Según boletines epidemiológicos oficiales,  las notificaciones de casos de personas con esa infección crecieron un 65,9% entre 2020 y 2025. En efecto, se pasó de de 4.806 casos en 2020 a 7.975 casos hasta la primera quincena de julio de 2025. Todo marca una tendencia preocupante para la salud pública. Los números crecientes de tuberculosis muestran cómo afectan los factores socioeconómicos y las interrupciones en la atención sanitaria durante y después de la pandemia.


La prevención de la tuberculosis requiere estrategias integradas: asegurar altas coberturas de vacunación en recién nacidos, fomentar el diagnóstico temprano y la adherencia completa al tratamiento, promover entornos ventilados, y abordar determinantes sociales como la pobreza y el hacinamiento. El diagnóstico temprano no solo mejora los resultados clínicos individuales, sino que también reduce la propagación comunitaria.

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