Pantallas en la infancia

Los dispositivos digitales forman parte de la cotidianeidad de muchas familias, pero el tiempo que pasamos con la pantalla no es inocuo. En esta nota te contamos cuáles son los riesgos de que los niños y adolescentes estén con pantallas.

Los chicos y las pantallas

Dentro del uso de pantallas podemos englobar todo el tiempo que se pasa con celulares, tablets, computadoras o la televisión. En los tiempos actuales los chicos pasan mucho tiempo con estas pantallas pero diversas investigaciones científicas advierten sobre sus efectos cuando la exposición es temprana, excesiva o sin supervisión adulta. El impacto depende de la edad, el tiempo de uso, el contenido y el contexto en que se utilizan.

Los peligros del uso excesivo de pantallas en la infancia pueden agruparse en tres grandes dimensiones. En el plano físico, las pantallas contribuyen con el sedentarismo, los trastornos del sueño y los problemas visuales. En cuanto a la cognición, las investigaciones señalan posibles dificultades en el desarrollo del lenguaje, la atención y el aprendizaje. A nivel psicológico, las pantallas se asocian a problemas en la regulación emocional, la socialización y la salud mental.

Riesgos por edades

En primer lugar, en la etapa de 0 a 3 años, los riesgos son especialmente significativos porque se trata de un período clave para el desarrollo cerebral. Investigaciones argentinas señalan que los bebés necesitan interactuar con el entorno físico y social para desarrollar habilidades cognitivas, lingüísticas y sensoriales. La exposición temprana a pantallas puede interferir con estos procesos, afectar la neuroplasticidad cerebral y generar dificultades futuras en el aprendizaje o la conducta. 

Entre los 3 y 6 años, aunque el uso puede ser más frecuente, los riesgos continúan si no hay límites. En esta etapa, el juego, el movimiento y la interacción con otros son fundamentales. El uso excesivo de pantallas puede generar problemas físicos como sedentarismo, alteraciones del sueño y fatiga visual. Desde el punto de vista cognitivo, puede afectar la atención sostenida y la capacidad de concentración. Además, el tiempo frente a pantallas puede desplazar actividades esenciales para el desarrollo, como el juego simbólico o la lectura compartida.

En niños de 6 a 12 años, los riesgos se vuelven más complejos porque se combinan aspectos físicos, cognitivos y sociales. El uso prolongado de dispositivos puede contribuir a problemas posturales, obesidad y problemas para dormir. A nivel cognitivo, se observa una relación entre el tiempo de pantalla y el rendimiento académico. Además, el uso intensivo puede afectar la capacidad de autorregulación y aumentar la dependencia de estímulos inmediatos, lo que dificulta el aprendizaje.

Desde los 12 años, el foco se desplaza hacia los riesgos psicológicos y sociales, especialmente vinculados a las redes sociales. Diversos estudios y organismos científicos advierten sobre el impacto en la salud mental: aumento de ansiedad, depresión, baja autoestima y problemas de imagen corporal. También se observan fenómenos como el ciberacoso, la sobreexposición y la comparación constante con otros. A esto se suma el riesgo de uso problemático o adictivo, que puede afectar el rendimiento escolar, el descanso y las relaciones interpersonales.

¿Qué se recomienda?

En un escenario preocupante, la Sociedad Argentina de Pediatría enfatiza la importancia de limitar el tiempo de exposición, evitar pantallas en edades muy tempranas y promover el acompañamiento adulto durante el consumo televisivo. En general, los especialistas coinciden en que las pantallas no son “buenas” ni “malas” en sí mismas, sino que su impacto en la salud depende del uso que se haga de ellas, del contenido y del contexto familiar y social.

El uso de pantallas en la infancia debe ser cuidadoso y regulado. Las tecnologías digitales pueden afectar múltiples dimensiones del desarrollo si no se utilizan de manera adecuada. Promover el juego, la interacción cara a cara y los hábitos saludables sigue siendo fundamental para un crecimiento integral.

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